¡Hola a todos, amantes del cosplay! Bienvenidos una semana más al blog. Hoy tenemos una entrada muy especial porque contamos con una invitada como MissAtomicFly que nos va a hablar de un proyecto que desprende puro cariño: el icónico Vash the Stampede.
A veces, el cosplay no se trata solo de la técnica más compleja, sino de la conexión emocional con el personaje y de disfrutar cada convención con amigos. Nuestra invitada de hoy nos abre las puertas de su taller (y de su corazón) para contarnos cómo dio vida al «Tifón Humanoide». ¡Os dejo con ella!
El porqué de Vash: Humildad y valores
Pues la verdad es que escogí este personaje porque, aparte de ser adorable y verse tontorrón muchas veces, lo que más me atrae es lo humilde que es. Me fascina cómo, después de haber pasado por situaciones terribles a lo largo de su vida, se mantiene fiel a sus creencias (esas que le enseñó Rem) y a la idea de que siempre puede haber otra solución que no implique la violencia.

Comodidad vs. Complejidad: La versión de Stampede
Escogí la versión de Trigun Stampede porque se ve un diseño sencillo y, sobre todo, cómodo. Siento que con este traje no me voy a agobiar por estar pendiente de si cada pieza está en su sitio o de si necesito mil imperdibles para ajustarlo todo, algo que sí ocurre a veces con trajes tipo Honkai u otros más recargados.
El traje base lo compré por falta de tiempo debido a mi horario laboral, pero después lo fui modificando con cosas que tenía por casa y fabricando los accesorios necesarios. Lo mejor es que, al ser prendas «normales», se pueden usar para el día a día y no se quedan exclusivamente para eventos.
Evolución capilar: El reto de la peluca
El proceso de la peluca fue una auténtica progresión:
- Empecé con una que era rubia por arriba y negra por abajo.
- Luego decidí cambiarla por otra que se asemejaba más a la serie.
- La modificación final consistió en adquirir una tercera peluca de un rubio más oscuro y fusionar ambas, cortando y cosiendo el pelo hasta lograr el resultado actual.

El brazo protésico: De «patata» a obra de arte
Hacer el brazo izquierdo fue una aventura muy divertida. Tuve la suerte de contar con el asesoramiento de amigas expertas en props. El primer intento acabó siendo una «patata disfuncional», así que tuve que repetir todo desde cero. En el segundo intento las piezas quedaron mucho mejor.
Lo que más disfruté fue la pintura; fue muy relajante hacer los detalles para que el brazo se viera más marcado. Lo bonito es que la pieza ha ido evolucionando en cada evento: desde la Japan Weekend de Valencia hasta el Sakura Fest de Gavà, donde ya ajusté piezas e incorporé luces LED.


La pistola: 204 piezas y un control de seguridad
No puedo terminar sin mencionar la pistola. Me vine muy arriba, pero como tenía poco presupuesto, tuve que usar láminas de goma eva de 2 mm y hacer montoncitos para cada pieza. Está compuesta por unas 204 piezas y ahí sigue, aguantando como una campeona evento tras evento.
Como curiosidad, en el control de seguridad de la estación de Sants hubo mucho cachondeo con el arma; al final todo quedó en risas y me dieron el visto bueno. Aprendí la lección: primero hay que abastecerse y, si llega el dinero, lanzarse a fabricar.
La recompensa: Sentimiento y comunidad
Hacer a Vash es la mejor decisión que he tomado. Venía de una racha en la que todo me salía mal y darle una oportunidad a un personaje que quiero desde pequeña me dio un sentimiento bellísimo.
Llevarlo a los eventos, interpretar un poco el papel, hacer tonterías y que la gente te siga el rollo y halague tu trabajo es algo difícil de describir. Soy de ese tipo de cosplayers que simplemente disfrutan del día, con calma y sin necesidad de destacar sobre el resto. En cuanto a las fotos, siempre busco zonas que se parezcan a la serie y cuento con la ayuda de mi círculo cercano; todo el material visual que tengo es gracias a mis amigos.

¿Y tú? ¿Alguna vez has hecho un cosplay de un personaje que amaras desde la infancia? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!
